31/10/2009

SEMANA INTENSA DE NOTICIAS

www.lasprovincias.es/valencia/20091021/local/valenciana/rechaza-crear-hospital-infantil-200910211501.html

www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2009/10/30/medicos-reclaman-hospital-infantil-nueva-fe/646616.html


www.adn.es/local/valencia/20091021/NWS-0906-PP-Gobierno-Fe-hospital-financie.html

23/10/2009

INAUGURACIÓN Y DESPEDIDA: INSÓLITO. ¿POR QUÉ?


CARTAS AL DIRECTOR Acta Pediátrica Española 2009; 67(8): 405


Despedida al Hospital Infantil «La Fe» de Valencia

S. Ruiz Company
Ex Jefe del Departamento de Cirugía Pediátrica. Hospital Infantil «La Fe». Valencia
Title: Goodbye to the Pediatric Hospital La Fe, in Valencia

Sr. Director:
Hace poco más de cien años, en España, la pediatría dio sus
primeros pasos al independizarse de la asignatura «Enfermedades
de la mujer, partos y niños». Poco a poco aparecieron
eminentes pediatras que terminaron por consolidarla. En el año
1867 se creó en Barcelona el primer hospital infantil, el de
«Sant Joan de Déu». Años más tarde, en 1879, se fundó el
«Hospital del Niño Jesús» en Madrid.
En otros países pronto se vio la necesidad de crear hospitales
infantiles donde los niños fueran atendidos de forma integral
y adecuada a sus necesidades, separados totalmente de
los adultos. En España no fue hasta la década de los sesenta,
gracias a las gestiones de los pediatras, cuando la Seguridad
Social fue creando una red muy importante de hospitales pediátricos.
En Valencia, el Hospital Infantil «La Fe» se inauguró en enero
de 1971, y a lo largo de los años ha ido creciendo en todos los
sentidos, teniendo cada vez más prestigio y siendo referente
nacional de algunas patologías. Aquí se han formado centenares
de residentes, y algunos están ocupando en estos momentos
puestos importantes dentro de la pediatría nacional, pero
también se ha atendido a cientos de miles de niños valencianos
y del resto de España.
Ahora, 40 años después, en que el Hospital «La Fe» se ha
quedado pequeño, se está construyendo un nuevo centro hospitalario
y, para sorpresa de toda la ciudadanía, se elimina el
hospital infantil, integrándolo dentro del complejo sanitario y
quedando sus servicios englobados en los de adultos.
¿Cuál es la razón? No lo sabemos, ya que tras esta feliz idea
no se ha consultado a las personas técnicamente preparadas.
Cuando se advierte que en otras ciudades o países se mantiene
la idea del hospital infantil, aquí en Valencia se suprime, integrándolo
al de adultos.
El colectivo profesional del hospital infantil lo ha comunicado
en repetidas ocasiones, pero no se han querido atender sus
razones y, por tanto, el beneficio del niño me temo que quedará
dañado. Me llama la atención que la Asociación Española de
Pediatría y las asociaciones de padres no hayan dicho nada al
respecto, y se vanaglorien de defender al niño. No lo entiendo,
pues ahora es cuando deberían demostrarlo.
Parece que las personas que han tomado esta decisión, nacieron
ya como adultos, que no pasaron por la niñez y no tienen
ni hijos ni familiares niños, pues estoy seguro de que si esta
idea se la expusieran a sus familiares o allegados, les dirían
que es una barbaridad.
Yo viví el nacimiento del Hospital Infantil «La Fe» y ahora
voy a asistir a su entierro. Como se dice en estos casos,
¡con lo joven y bueno que era, es una lástima!

07/09/2009

SANIDAD PÚBLICA: ¿EFICIENCIA O CALIDAD?

La mayor parte de los profesionales del Hospital Infantil La Fe de Valencia ha formado una Asociación en Defensa de este hospital pediátrico, preocupados por el deterioro que sufrirá la calidad asistencial de los niños en el nuevo Hospital Universitario La Fe, que pronto entrará en funcionamiento, si no se modifica su previsible organización asistencial.
Igual que otros hospitales de referencia en España, el Infantil de la Fe ha funcionado desde su creación en 1970 como una unidad autónoma e independiente del resto del complejo sanitario, en la que se congregan las distintas especialidades centradas en el niño, un tipo de paciente bien diferente del adulto. El niño no es un adulto pequeño, requiere una peculiar atención por parte de los distintos especialistas, que deben trabajar bien articulados entre sí para poder prestarle una asistencia integral.
Sin embargo, la configuración de la nueva Fe disuelve la unidad e independencia de los circuitos asistenciales, mezcla a los niños con los adultos, y no arbitra un lugar para atender a los niños en el área de urgencias y en las zonas hospitalarias ni tampoco espacios para unidades especiales. ¿Qué razones se aducen para justificar esta dispersión? Dos al menos son usuales -la creciente especialización de la sanidad y el triunfo de la demanda de eficiencia sobre la de calidad-, pero las dos requieren una cuidadosa revisión.
En lo que hace a la primera, sin duda la especialización supone un progreso en la asistencia, pero siempre que se articule de tal modo que no rompa la unidad de la atención integral. No hay enfermedades, sino enfermos, cada uno con su peculiar configuración.
Y en lo que se refiere a la fiebre de la eficiencia, es un problema que venimos arrastrando desde hace más de tres décadas, cuando el gasto sanitario empezó a incrementarse prodigiosamente al cobrar fuerza el Estado social y surgieron problemas de justicia en la distribución de los recursos sanitarios.
Nació entonces esa rama de la economía, hoy floreciente, la Economía de la Salud, que introduce en la sanidad la racionalidad económica, el análisis "coste / beneficio", para racionalizar el gasto. Con ello, en los centros sanitarios públicos empezaron a darse cita tres tipos de protagonistas, amén de los pacientes: los profesionales sanitarios, preocupados por el bien del paciente cuando son buenos profesionales; los gerentes, empeñados en la eficiencia en la gestión de los recursos, y las Administraciones públicas, que nombran a los gerentes y les exigen esa anhelada eficiencia, medible en dinero y en actuaciones que generen votos.
La cuestión es muy compleja. Sin duda, la eficiencia es una buena cosa, es preciso optimizar los recursos, que son siempre escasos, y el despilfarro es inmoral. Y es importante que la sanidad pública sea eficiente, porque no es verdad, como suele creerse, que lo público es ineficiente por necesidad, mientras que lo privado derrocha eficiencia y eficacia: la crisis económica que seguimos padeciendo ha venido de un sector privado irresponsable, ambicioso e incompetente.
Pero también el sector público ha de ser eficiente, siempre que compagine eficiencia y equidad, y, sobre todo, siempre que mantenga la calidad de la atención sanitaria. La rentabilidad monetaria jamás puede ir en detrimento de la calidad, el incremento de la especialización no puede llevar a perder la visión integral del paciente, en este caso, del niño con sus peculiaridades.
Con tantos protagonistas en el mundo sanitario (el profesional, el gerente y el político) conviene no olvidar lo obvio, las verdades de Perogrullo: que las metas de la sanidad, las que le dan sentido y legitimidad social, consisten en prevenir la enfermedad, curar lo que puede ser curado con los medios disponibles, cuidar lo que no se puede curar y ayudar a morir en paz. Esas metas han de alcanzarse en el contexto de organizaciones sanitarias, dirigidas por gerentes, dentro del marco de instituciones políticas, pero lo específico de toda esa trama es facilitar a los profesionales los medios necesarios para promover el bien del paciente. Y más en el caso del niño, particularmente inmaduro y vulnerable.
"Eficiencia" en sanidad no puede querer decir recorte del gasto sin más, ni tampoco proporcionar votos a los políticos con actuaciones que les permitan lucirse, sino optimizar los recursos humanos y económicos al servicio de la atención al paciente, integral y de calidad.
Mucho se ha hablado del médico como un "agente doble", que debe atender a la vez al bien del paciente y a la contención del gasto, cuando lo cierto es que su tarea propia es la primera. Y, sin embargo, se habla poco de que en la sanidad pública hay por el momento dos agentes -gerentes y políticos- que deberían atender a los profesionales e introducir un cuarto interlocutor, en este caso, los padres. Importa que los padres sepan qué consecuencias se seguirán para sus hijos de la configuración de los nuevos complejos sanitarios, prestar la voz a los profesionales para que puedan explicarlo, y atender a unos y otros. No hacerlo sería propio de la mala gerencia y de la mala política.

Adela Cortina. 07/09/2009

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y directora de la Fundación ÉTNOR

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26/08/2009


15/08/2009

MÁS FIRMAS

06/08/2009

DIÀLEG PER A SORDS


ADEHI, des del nas de l'equip responsable de la Nova Fe, reivindica un Hospital Infantil amb tota la raó.
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Responsables del Nou Hospital: no reconeixen el seu error, es defenen amb fal·lacies i mantenen una actitud hostil a un Hospital Infantil com cal ("sostenella y no enmendalla") Però el nas els delata...

28/07/2009

28 juliol

Continuem les nostres concentracions cada dijous a la porta de l’Hospital Infantil i, malgrat les vacances i les altes temperatures (l´altre dijous uns 40ºC), hi som un nombre considerable de gent. L’administració sembla no assabentar-se.
ADEHI